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Testimonio de Javier. «Roma, el Broche de Oro: Reafirmo mi vocación y la importancia de vivir en comunidad.»

La peregrinación a Roma ha sido el broche de oro de todos los viajes que hemos realizado a lo largo de nuestra trayectoria escolar, y estoy profundamente agradecido de que haya sido una experiencia tan especial para mí. 

En primer lugar, me gustaría destacar la excelente planificación del equipo de profesores, sacerdotes y responsables del viaje. A través de sus reflexiones y visitas a lugares vinculados a grandes santos, como San Francisco de Asís y su ejemplo de predicación, San Francisco Javier y su espíritu misionero, Santa Clara y su vocación transformadora, o el Beato Carlo Acutis con su capacidad de impactar en la vida de quienes le rodeaban a través de pequeños detalles, nos han mostrado la gran variedad de caminos que tenemos para vivir una vida significativa. Llegamos a la conclusión de que hemos sido creados para hacer cosas grandes por los demás y por el mundo. Esta reflexión, planteada justo en un momento crucial de nuestras vidas en el que estamos decidiendo nuestro futuro profesional, me ha ayudado a discernir cómo quiero contribuir al mundo, consolidando así mi vocación por la Medicina. Roma, en este sentido, ha sido para mí un auténtico regalo de Dios. 

Además, con la visita al Papa, al Colegio Internacional de Legionarios de Cristo (CILC) y a las cuatro basílicas mayores de Roma (San Pedro en el Vaticano, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros y Santa María la Mayor) he podido entender la importancia de vivir la fe en comunidad. Experimentar el poder de la Iglesia cuando se vive como un cuerpo unido, y reflexionar sobre la importancia de exteriorizar nuestras creencias y compartir vivencias con los demás ha hecho que nos unamos todavía más tanto como iglesia y como curso. Paseando por Roma con el Hermano Marcelo, éste me decía: “El ser humano es un ser social por naturaleza, por lo que si no expresamos ni compartimos nuestra fe y no nos damos a los demás, jamás nos sentiremos del todo conectados a Dios”. Esta idea ha reforzado en mí la certeza de que somos más fuertes juntos, y que sin la ayuda de los demás no podemos alcanzar la plenitud. 

Por último, no puedo dejar de mencionar lo bien que lo hemos pasado en Roma. La ciudad, su vida social, su tradición culinaria y su oferta cultural, nos ha aportado momentos inolvidables. Ha sido un lugar perfecto para cerrar esta etapa de nuestra vida escolar y despedirnos como generación.  

Javier González, alumno de 2º Bachillerato RMSI  

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