“Jesús fue niño como yo”: una situación de aprendizaje que acerca a Jesús a la vida cotidiana de los alumnos
En el colegio RMSI seguimos apostando por propuestas que ayudan a nuestros alumnos a crecer en la fe desde la cercanía y la experiencia. Una de ellas es la Situación de Aprendizaje: “Jesús fue niño como yo”, una iniciativa pensada para que los niños descubran que Jesús no es un personaje lejano, sino alguien que les acompaña cada día.
Aunque lo llamamos “proyecto” para que los alumnos lo entiendan mejor, se trata de una situación de aprendizaje basada en la infancia de Jesús, partiendo de lo que conocemos a través de la Biblia. A lo largo de seis sesiones, los niños recuerdan pasajes clave como el nacimiento, la adoración de los pastores, la visita de los Reyes Magos, la huida a Egipto y el regreso a Nazaret. Además, se acercan por primera vez al relato de cuando Jesús se pierde a los doce años, abriendo un espacio de asombro y reflexión adaptado a su edad.
El proyecto va más allá de los relatos bíblicos: ayuda a los alumnos a comprender que Jesús fue un niño “normal”, que jugaba, comía, rezaba y aprendía, como ellos. Desde esta mirada, se despierta un vínculo más natural con Jesús y se responde a sus curiosidades y preguntas de forma cercana.
Uno de los momentos más esperados llega cuando una alumna de 2º de Bachillerato y un alumno de 3º de Primaria, caracterizados como Jesús y María, visitan el aula para realizar una entrevista preparada previamente por los niños. Preguntas sencillas como cómo iba vestido, qué comía, dónde vivía, cómo era su casa o qué sintió en Egipto, y otras no tan sencillas, como “¿por qué te dejaste morir?” o “¿cómo puedes amar a tus enemigos?”, se convierten en una oportunidad preciosa para que los alumnos conecten con la vida de Jesús y, a la vez, se acerquen a la oración de un modo sorprendentemente espontáneo.
La experiencia se completa con distintas actividades que permiten profundizar en lo vivido y culmina con un breve cuestionario para recoger lo aprendido y lo que más les ha gustado.
Como broche final, cada clase recibe un peluche de “Jesús niño”, que cada noche visita una casa diferente. Este gesto, sencillo y muy significativo para los pequeños, les ayuda a recordar visualmente que Jesús está presente en su día a día, fomentando también la responsabilidad y la ilusión compartida: cada mañana esperan con alegría descubrir quién se lo llevará a casa.
El principal fruto de esta propuesta es claro: los alumnos aprenden contenidos, sí, pero sobre todo experimentan el amor de Dios en lo cotidiano, y descubren que tener a Jesús cerca les ayuda a vivir mejor en familia y en el colegio: obedecer, respetar, ayudar y crecer en virtudes con alegría.
Este proyecto, que se realiza por tercer año (y por segundo con la visita de alumnos mayores caracterizados), se revisa y enriquece cada curso en coordinación con el Departamento de Pastoral, conscientes de que es el Espíritu Santo quien sostiene y da vida a todo lo que se siembra.

